Precisamente cuando me he instaurado en una rueda de cambios en la que, desde principios de octubre
, cada día es diferente al anterior y se han destrozado las rutinas que había hecho mías, precisamente cuando me miro al espejo y no acabo de reconocer a quien veo en él, precisamente cuando he de revisar todas mis ideas y conceptos, precisamente ahora, he descubierto que sólo me queda una certeza. La certeza en que hice lo correcto el día que, por primera y única vez, me enamoré de verdad. La certeza de que, aunque hayan pasado ya tres años y medio (tan rápido) de muchas idas y venida, siempre tuvo y tendrá la mayor parte de mi corazón. La certeza de que, pase lo que pase, todo saldrá bien.
Porque cada vez que le veo es igual que el primer día. Porque siempre forma parte de mis ideas sobre el futuro. Porque los dos hemos cambiado mucho y todo se ha hecho muy grande y no ha cambiado nada.
Entonces, cuando me levanto por la mañana y me siento descentrada, y quiero volver atrás a la seguridad de la rutina, y me da miedo el futuro, y me dan miedo los retos, pienso en él y me siento tranquila. En paz. Sabiendo que, al menos una vez en mi vida, escogí lo correcto. Porque he aprendido a andar de nuevo siguiendo sus pasos. Y, por una vez, querría saber trascribir la canción que canta mi alma cuando le recuerda. Querría saber poner en palabras lo que siento. Querría poder velar todas las noches su sueño y ser capaz de evitarle cada dolor, cada tristeza, cada piedra del camino.
Precisamente ahora que los dos estamos en un momento tan complicado, es cuando entiendo todo y lo veo fácil, simple y bonito. Precisamente ahora que todo cambia, he aprendido que, para quien sabe esperar, todo llega. Y yo sabré esperar, como he sabido hasta ahora.
MUSIC OF MY LIFE – Ahora que (Joaquín Sabina – 19 días y 500 noches)
que ayer, además de los pantalones ya mencionados, piqué con unas 