Hoy estoy perezosa, sin fuerzas para dedicarme al blog como debe de ser. Estuve viendo unos blogs por ahí y, asumámoslo, el mío es una porquería. No soy poética. Nunca lo fuí, aunque, con catorce años, intenté escribir poemas. Supongo que como todo el mundo, es una fase. Esas líneas pequeñas se me quedan cortas.
No me gusta hablar del amor, prefiero vivirlo.Y no soy muy dada a pararme a oler las flores. Mi día a día no es bello, es un poco como el de todo el mundo que no miente, una mezcolanza de momentos alegres y tristes, rutina, trabajo, amigos, labores domésticas, clases de conducir, risas y cervezas, el examen de asesor financiero siempre presente, idas y venidas al súper, paseos perezosos por el pueblo y tristes tardes de domingo en las que tengo que volver a mi solitaria casa y dejar el cómodo refugio de papá, mamá y la abuela y las risas de mis amigos por una semana más.
Esta tarde volví a ver Lisbela e o prisionero. Lloré otra vez. Me volví a enamorar platónicamente de Leléu lo que duró la película. Descargué unos vídeos. Escribí un mail a Tita Pau. Pagué una piecita de la pulsera que he ganado en ebay. Conduje. Pensé en él mientras conducía. Sentí ese sabor agridulce en la boca, ese de cada vez que pienso en él y me percato de que no está a mi lado, y dudo que llegue a estarlo. Ese sabor agridulce sé que me durará hasta que mañana lo engullan las cotidianas tareas del trabajo. Y esta noche, sola en mi cama, volveré a pensar en él, reviviré momentos que nunca hemos vivido y me dormiré ansiando el próximo encuentro fugaz.
Me gustaría saber hacer un poema sobre eso. Me gustaría, a veces, escribir bien. Escribo como pienso, y mi mente es desordenada.
No me gusta ser tan poco previsora. Quería un café, se me olvido comprar leche. Y pan de molde. Y coca-colas. Mañana iré al supermercado. El Dia abre las mediodías, puedo ir cuando salga de trabajar, antes de comer. Creo que por la tarde hay reunión. Ya acabé las declaraciones de la renta, pero tengo que ayudar a mi jefa con las suyas.
El martes iremos al cine. Me gusta el cine, aunque la película sea mala. Me gusta la oscuridad, el silencio, el abstraerte del mundo. Me gusta ir al cine con los amigos. Pero me gustaba más cuando iba con mi ex, y podía reclinar mi cabeza en su hombro. Este año, en Lisboa, me quedé con las ganas de ir al cine, pero no había películas portuguesas, españolas o brasileñas en cartelera, y las demás son subtituladas. Si leo los subtítulos, no me entero de la película, y sé muy poco inglés. Este año espero poder ir al cine. Tita Pau no me acompañaría. A ella no le gusta el cine. Iré sola
Ya es casi lunes. La semana empieza. Me apetece otro cigarrillo
MUSIC OF MY LIFE - Belê belê (Chica Fé -Querer)