El loco mundo de la Mave

"I give you back my voice from the womb; my first cry it was a joyful noise"

Queria ser baleia daquelas barrigudas 25 Mayo 2009

Archivado en: Simplemente Mave — Mave @ 20:04
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No vuelvo a decir que hago operación bikini, ¡nunca más! Me explico, resulta que mi madre, cada vez que voy a subir de estar en su casa a la mía, o cada vez que viene, me pregunta si necesito comida. Y yo, por no comprobar si tengo o no, por no levantarme del sofá (soy vaga por naturaleza) le digo que no. Y luego acabo pasando la mediodía del lunes en el día porque no tengo nada de comer, abasteciéndome de víveres de esos que forman mi dieta básica (pasta, pan de molde, yogures, pavo y queso, principalmente) Pero, como ya he dicho, soy vaga por naturaleza. Y como encima haya tormenta, como hoy, y yo me haya puesto sandalias porque estamos en mayo y dentro de mi lógica implacable en mayo llevo sandalias, y la calle parezca un remedo de Venecia y yo luciendo pedicura, pues nada, que no voy al súper.

Afortunadamente, mi congelador me puede salvar de una guerra mundial, ya sabéis que lo tengo siempre hiper abarrotado (algo bueno tenía que tener la nieve, te vuelve como las hormiguitas: el congelador s@vof5wTA5QrW5iempre lleno por si nieva, que puede nevar hasta en agosto). Y esta ha sido otra de esas veces que he tenido que recurrir a la reserva del congelador. Y empieza uno a sacar cosas. Pescado… Mucho trabajo, o lo como asqueroso o me lo curro y me voy a trabajar sin haber terminado de cocinarlo, que tengo el tiempo que tengo a las mediodías. Verduras… Es que verduras… Como que no me apetecen. Bueno, sigo mirando por si. ¿Y si pido comida por teléfono? Ah, que aquí en el fin del mundo no hay nadie que sirva nada a domicilio (juro que es verdad) Croquetas… No, que hoy empiezo la dieta. Un momento… ¿Qué ven mis ojos? ¿Eso es una pizza de pepperoni? A mis brazos, hija mía. Más bien a mi estómago…

Y he empezado la operación bikini zampándome una pizza de pepperoni. Soy una experta en ponerme a dieta y cargármela a las primeras de cambio. Pero mañana empiezo en serio. Vamos a ver, en todo junio no tengo tiempo material de ir a la playa, así que no me voy a poner en bikini. Tengo un mes para bajar dos kilos. No puede ser tan difícil, ¿no? Son 500 gramos por semana. Ya he empezado cargándome el pincho de tortilla de bonito del desayuno: el día que tenga un día horriblemente horrible en la oficina, en vez de comer mi pincho haré otra cosa. Probablemente, cometer un homicidio. Y la cena me la cargué en el momento que empecé a llegar agotada a casa y decidí que prefería dormitar a cocinar. Como mucho me como de normal un yogur o un café. Así que sustituyendo los yogures de trufa de La Lechera por algo más asqueroso y con menos calorías, vale. Así que, haciendo una sola comida al día, NO PUEDE SER TAN DIFÍCIL. Procuraré que esa comida sea a base de hierbas y similares y a la plancha.

Meta: llegar a San Juan con 50 kilos, que es el que yo considero peso perfecto para mi 1,73, mientras mi cuerpo se obstina en que entre los 52 (en mis mejores momentos) y los 55 (en invierno) estoy bien. Si toda la grasa no se me acumulase exclusivamente en la barriga, llegaría a estar de acuerdo con mi cuerpo. Si engordase un poquito por encima de la barriga… Además, así me ahorraría el seguir buscando un cirujano plástico.

Es que, en serio, yo soy una anoréxica frustrada, ¿os lo he dicho alguna vez? Supongo que sí. Comer me gusta demasiado. Disfruto demasiado de la comida. Es muy chungo ser una hedonista con excesivo complejo de culpa asumida: disfrutas de comer y luego te ves gorda y te arrepientes, disfrutas de comprar y luego ves el extracto de la tarjeta y te arrepientes, disfrutas del sexo y luego ves las patadas que le pegas a tu curriculum sentimental y te arrepientes, disfrutas de estar hasta tarde leyendo y luego te estás quedando dormida en el trabajo y te arrepientes; y así un largo etcétera.

Pero mañana empiezo, de veras. Ya tengo vez para las cejas y para el solarium, así que apenas tengo tiempo para comer. Eso servirá para motivarme a comer hierba, digo… ensalada.

MUSIC OF MY LIFE – Salve Portugal (Banda Eva – Pra valer)

 

Hambre 14 Julio 2008

Archivado en: Mave y el Mundo — Mave @ 22:38
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No lo soporto… Desde que cumplí los 23 años,más que hacer dieta, vivo a dieta. Tengo constantemente hambre. Ya es una sensación a la que no le doy ni importancia. Pero debería. Todo se basa en que mi cuerpo, anteriormente tan disciplinado él, llegó un día que decidió dejar de ceñirse a las normas y que no le gustaba eso de el metro setenta y dos o setenta y tres (sobre eso hay opiniones) y los cincuenta kilos clavados en los que yo me obstinaba en mantenerme desde los 16 años. Después de terribles picos de hasta 57 kilos (cuando me independicé) Había conseguido volver.Sí, sí, sí, la Mave una mujer feliz. Pero, claro, ya no soy una chiquilla y mi metabolismo es más mayor, y más cansado, y acusa las coca colas, las pizzas o cualquier escape de la comida de pájaros (vulgo barritas de muesli, la base de mi alimentación. No quiero ni hacerme un análisis de sangre, por si…) Ya he engordado otro kilo, Vuelta a los cincuenta y uno. A quince días de agosto. Sí, terror y pavor.

A tomar por saco y a sacar otra vez el muesli de los cojones del armario. No es justo. Yo de mayor quiero ser la Bundchen, que luego sale en las revistas hartándose de Big Macs. Y yo, con la dieta sana a tope, matándome de hambre y nada. Siempre queda la barriguita, grasa en las caderas y celulitis.

¿Por qué no podré ser un pelín más feminista y conseguir que no me importe? Soy una esclava de la dieta. Más que del tabaco. Sé que, con esfuerzo y alicientes, podría dejarlo. De hecho, ya lo dejé una vez, y si volví fue porque quise (sí, triste pero cierto: fumar me gusta). Pero no podría dejar la dieta. Por lo menos, no hasta alcanzar un peso que me parezca razonable. Y me conozco, una vez alcanzados los 50, querré los 48. Soy una anoréxica frustrada, lo he dicho muchas veces. Tengo mentalidad de anoréxica, pero poca voluntad. Si no fuese nunca a comer con gente, pesaría unos 30 kilos y estaría ingresada en alguna planta especial para transtornos alimenticios. Pero, como no soy capaz de resistirme a la comida y cuando voy con alguien, me acabo picando, no he caído en la anorexia. Ojo, y que conste que no hago bromas con el tema, que es muy serio. Sólo constato el hecho de que, si no fuese tan voluble, sería anoréxica. Porque las anoréxicas tienen mayor voluntad que yo.

La única manera en que consigo adelgazar es con stress, y mi maldito cuerpo trabaja mejor bajo presión. Así que el stress tiene que ser muy pero que muy intenso. Y eso sólo dos veces al año: las malditas campañas. De hecho, creo que con sólo decir la palabra campaña ya pierdo 10 o 15 gramos.

Prometo empezar el uno de agosto por debajo de los 50 y medio. Aunque desfallezca de hambre por el camino.

¡Ay, que buenos debían ser esos tiempos de Rubens donde se llevaban las gordas! ¡Y yo aquí, muriéndome de hambre! En fin, como dice Tita Pau, deja de llorar, que en cuanto Hombre Perfecto te mire apreciativamente las piernas, se te pasan todos los males. Que cabrona, lo peor es que tiene razón…

Ilustración – “Andrómeda” de Rubens

MUSIC OF MY LIFE - Libertine (Kate Ryan - Unsorted)

 

Operación bikini 1 Junio 2008

Archivado en: Mave y el Mundo — Mave @ 19:43
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Ufff, me he pasado con la operación bikini, esa. Años y años deseando bajar a esos increíbles 50 kilos que tenía en los viejos tiempos del instituto, y ahora que casi los tengo, me estoy arrepintiendo. Contemos bien la historia.

Allá por 2006, dejé a mi ex, me apunté al gimnasio y… dejé de fumar (luego volví, pero bueno, lo importante fue la intención) En los tiempos universitarios había colocadola balanza a base de comida basura y picoteo constante en 52 kilos y medio. No estaba mal. Estaba guapa, y tal. Pero al dejar a mi ex, salir menos, dejar de fumar y empezar a ganar músculo me puse en 57 kilos, casi 58.  Con tesón, fuerza y matándome de hambre, conseguí ese año en mis vacaciones de Portugal volver a lucir los maravillosos 52 kilos y medio. En vano, pero bueno, eso es otra historia. Y, cuando volví, me volví a dejar, y luego en diciembre me vine a vivir aquí, y pasaba muchas horas en casa, y empecé a picotear, y a desayunar dos veces, y… 56 kilos. Y llevaba año y medio intentando bajar de ahí sin resultado. 

De repente, de la noche a la mañana (con campaña de por medio, eso sí), he bajado a 51 kilos. El viernes, que otra vez no comí por las prisas, cuando me pesé por la noche eran 50 y medio.

¿Contenta? Y una mierda

¿Sabéis cual es el problema? ¡¡¡Se me caen los pantalones!!! Tengo unos vaqueros, mis favoritos, anchos, caídos, que antes me resbalaban hasta el inicio del trasero. Ahora, andando con ellos, me resbalan hasta medio muslo (y digo hasta medio muslo no porque tenga los muslos enormes, sino porque, cuando llegaron a medio muslo, los sujeté y fuí a cambiarme) . Con los pantalones vaqueros de ir a trabajar voy constantemente enseñando el tanga, y, joder, que ya no estamos en edad. Y, claro, sí, tengo ropa de cuando pesaba 50 kilos, pero ya no tengo 16 años, sino 27, y no puedo ir a trabajar con esas pintas. De hecho, me da vergüenza ir así hasta por la calle. Digamos que mis gustos han cambiado bastante.

Ahora tengo una talla 34. ¿Y qué hago yo por la vida con una 34? ¿De dónde saco un traje, si las marcas asequibles (Zara, Massimo Dutti, Mango, Blanco) para esas tallas tan pequeñas sólo hacen ropa tipo Britney Spears? Y no me digáis que vaya a tallas especiales del Corte Inglés. Mido 1,73 y los pantalones me quedan a media pantorrilla y las faldas se convierten todas, por arte de magia, en minifaldas.

Mierda de sociedad, mierda de modelos, mierda de estereotipos. Y las famosas de las narices, ¿dónde se compran la ropa para encontrar talla? Ah, sí, en maravillosas tiendas que la Mave, con su sueldo de mileurista no puede pagar.

Y ahora que hago: ¿sacriico la figura que llevaba tanto tiempo deseando, aprendo a coser para arreglarme toda la ropa que tengo en el armario o me rindo y me resigno a ir vestida de Britney y a sobrevivir con el subsidio del INEM (porque, como vaya vestida así a trabajar, me veo de patitas en la calle)? Pues, como baje un poco más de peso, a ver que hago.

¿Y sabéis lo peor? Que vas toda feliz donde la gente diciéndoles que has perdido 4 kilos y la respuesta unánime es que: ¡¡¡no se te nota!!!

Perra vida… 

MUSIC OF MY LIFE - Morte e vida Stanley (Cordel de Fogo Encantado – MTV apresenta)

 

Oh, bendito fin de semana 24 Mayo 2008

Archivado en: Mave y el Mundo — Mave @ 16:15
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Mave ya está en casa de sus padres, ya acabaron los cuchillos y me siento mucho mejor de ánimo.

Seguimos en la tónica de siempre: vasos = 2 kilos y medio menos; bandejas (la más light) = casi 1 kilo menos; cuchillos (record) = empezamos con 54 kilos y medio, acabamos con 51 y medio. Gimnasio, ¿para qué? Os doy la mejor dieta del mundo: la dieta del stress intenso. Se hace así: jefe nuevo, jefe de tu jefe nuevo, jefe de tu jefe presionando intensamente a tu jefe, jefe nuevo que quiere quedar bien y tú eres la nueva. A esto sumarle dos personas de vacaciones y un regalo de mierda que te hace saber que la campaña ya va a ser un fracaso antes de que empiece. Ah, sumadle que no se vende un piso ni a tiros, así que adios a las hipotecas. Resultado: tres kilos en tres semanas y ganas de vomitar contínuas. Dormir bien no vale, ni distraerte, ni tener tiempo para pensar en cualquier otra cosa.

¿Podríamos poner las campañas justo antes de las vacaciones? Ahora el bikini me queda de maravilla, no hace tiempo propicio y me volveré a engordar.

Cambiando de tema, hoy tenemos programa de lujo: primero IKEA (me E·N·C·A·N·T·A IKEA) y luego Eurovisión, o sea, a partirnos la caja con esa cutrez. Probablemente con alguna copita de por medio. Bueno, lo mejor es IKEA. Seguro que compro alguna mariconada para casa, siempre compro algo para casa, mi cenicienta maruja interior me obliga. En teoría, vamos a mirar cuadros. Ya veremos. Bah, lo mejor es ir con mis amigos, no importa a donde. 

Por cierto, aunque ya hablaremos de ello en otro momento, que asco de sociedad, por lo visto a los 27 ya tengo que incluírme en la lista de venerables matronas. En fin…

Bueno, que os dejo, que me tengo que planchar en pelo, depilar, vestirme y… ¡¡¡al IKEAAAAAAAAAAAAA!!!

MUSIC OF MY LIFE – Só por ti (Banda Eva – Veja alto ouça colorido)

 

Cuestión de talla 9 Marzo 2008

Archivado en: Mave y el Mundo, Trapos — Mave @ 22:00
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¿Cómo no contar algo que me ha hecho tan feliz? Todo empezó el sábado por la mañana, yendo de compras con mi madre. Una necesidad urgente me pedía que fuese a completar la pre-maleta para Lisboa, sabiendo que me faltan cuatro meses, lo sé. Más bien, la tienda de Colcci me decía “ven, ven, ven” 

Y en Colcci, además de ver unos shorts verdes, una camiseta amarilla con estrellitas y unas sandalias fantásticas que ya iré comprando más adelante, sufrí un flechazo con un vestido negro, ultracorto y con cinturón. Y me dije que tenía que ser mío, que no podía esperar. Me lo probé, todo perfecto, pagué, me fuí a casa… y cuando llegué a casa me dí cuenta de que no me había fijado en qué talla me llevaba. Pues me dió el alegrón de mi vida. 

¡¡¡El vestido es una PP de Brasil!!! O sea, una 34. Ya tenía unos pantalones de la 34 de Blanco, pero pensé que estaban mal tallados, porque yo en Blanco suelo gastar la 36.

Para entenderme, esto se basa en que siempre quise ser Giselle y que llevo una larga vida de anoréxica frustrada. Frustrada, sí, porque, aunque me vea gorda, me encanta la comida y no puedo resistirme al pincho de tortilla a media mañana y al picoteo entre horas. Ya me había resignado a los 55 kilos, aún sobrándome 3 y, ¡tachán! la naturaleza ha decidido ponerse de mi parte

Y, con el vestido de Colcci, tan cortito, tan fantástico, me sentía hasta un poco Giselle, de esto que casi parece que te falta sólo la pasarela. Pena que el Chico Guapo nunca me vaya a ver con él puesto, salvo casualidad de las casualidades, porque es un vestido para estrenarlo para algo especial, por ejemplo, si alguna vez consiguiese una cita a solas con Hombre Perfecto… aunque de él mejor hablar en otro momento. Y queda fantástico con mi bolso de Carolina Herrera…

Ojo, que no soy una pija, ¿eh? El acervo principal de mi ropa se nutre de lo de todas: Zara, Mango, Massimo Dutti y demás. Eso sí, si bien para trabajar me vale con Zara, pues hay momentos que merecen ropa especial, ¿no? Y ahí es donde me gasto la pasta. Para luego ponérmelo un par de veces, no sé. Aunque recordemos que la Tita Pau siempre me riñe y me dice que en mi momento estelar en que conseguí atraerla mirada de Hombre Perfecto el pantalón era de Zara, el top de Mango y los zapatos de la tienda de las sudamericanas. En mi defensa, decir que yo creo que por eso se quedó en sólo atraer la mirada. Mave dixit.

Porque nadie me puede amargar la sensación de euforia que supone entrar en una PP y sentirse Giselle por un ratito. Aunque haya, luego, que dejar la casa de mis padres y subir a la mía y volver a la espiral de trabajo y aburrimiento habitual. Al menos, podré pensar que, durante el finde, por un ratito fui un poco Giselle y que en verano lo volveré a repetir

MUSIC OF MY LIFE – Quando o sol se for (Detonautas)