Me he convertido en un mutante maléfico, en algo así como un monstruo. Ahora doy miedo. Y todo gracias a que mis nervios se crispan y se refleja en el cuerpo. De momento no he descubierto si chupo sangre, como los sesos o cuales son mis poderes maléficos, pero todo llega.
Todo empezó la semana pasada. Eran una especie de granitos en la parte de abajo de las axilas. A la de unos días, se convirtieron en un sarpullido en toda regla, que convirtió en una tortura diaria el desodorante. Luego empezó a picar. Luego a doler. Luego, directamente, ardía. Pensé que, joer, la maquinilla era prácticamente nueva, pero bueno, le cambié la cuchilla por si. Y nada. Estuve unos días a manga larga sin depilarme las axilas. Luego ví que no era eso. Más que nada, porque tenía lo mismo en la tripa. Y hoy me he levantado con el cúlmen del ataque mutante: ha llegado a la cara. ¡A mi cara! El maquillaje
no ha podido hacer nada por mí, la rojez y el eczema, en la cara, cobran vida propia y son más espectaculares. Además, a las 8 era un poquito cerca del labio superior. A las 11, ya llegaba hasta la nariz. A las 2, ya se había extendido a ambos lados de la nariz. Ahora está saliendo por las cejas. Y no quiero ser pesada, pero arde. Joroba un mogollón.
Por la tarde, he decidido tomar el toro por los cuernos. Le he dicho a mi jefe que necesito ir al dermatólogo y, como estamos empeñados en hacer un nuevo record guiness de falta de personal por vacaciones, le he preguntado, sabiendo que esta semana es imposible, si va bien que falte un día de la semana que viene (cogiéndolo como día de asuntos propios, que es que no es que parezca gilipollas, es que lo soy) El me ha mirado con los ojos llenos de pavor y me ha dicho que si no podría esperar al martes de la siguiente. OK. Luego ha recapacitado y ha dicho que hombre, que si el eczema da miedo… A mí me da miedo el de la cara, los demás los aguanto como buenamente puedo. Y a la peña que viene a la oficina, que se ha tirado la mañana preguntándome que me había pasado en la cara con expresión de terror (no fuese a ser que fuese alguna extraña dolencia contagiosa, que en estos tiempos de gripe A, quien sabe) Que, quieras o no, estoy de cara al público y soy esclava de la imagen.
Vale, pues me he ido a la farmacia. El chico de la farmacia no hacía más que intentar convencerme de que no estaba en el sitio adecuado. Me ha llegado a decir que vaya a urgencias. Eso me ha acojonado un poco. Pero, ¿a urgencias dice? Ya, como que tengo tiempo. Además, ¿qué me van a decir que yo no sepa? ¿Que tengo un stress de narices y por eso me salen eczemas? ¿Que debería tomarme todo con más calma? Vale, pues que vayan donde el zona y se lo cuenten ¿Que necesito como el comer relajarme en Salvador? Ya, eso también lo sé yo. Y que a la vuelta me haré el harakiri con un boli bic porque será mucho peor también.
Me encanta que las empresas aprovechen la excusa de la crisis para reducir personal y, entonces, cuando dos se van de vacaciones a la vez, eso se convierta en una tragedia. Estamos todos desbordados. Pero todos. Y se nota. Unos entran en crisis nerviosas, otros se lo toman con calma, otros sufren trastornos de sueño y a mí me salen eczemas. La vida es dura y cruel, baby, y nadie te lo había contado. Lo de siempre
Bueno, me he salido de la farmacia con una crema hidratante y 11 euros más pobre. “Oye, ¿y esto cada cuanto me lo puedo dar?” ”Cada cuanto quieras (Mírada del farmacéutico como diciendo que total, para lo que hace…), pero, eso sí, vete a urgencias. De verdad, vete a urgencias” Que sí, que sí. Tengo un huequecito para ir a urgencias… A ver… Cojo las vacaciones el día 13 de octubre, el 14 tengo manicura y peluquería, el 16 salgo para Brasil… ¿El 15 de octubre por la mañana? Otro día no puedo, mala suerte.
Que conste que, aparte de sentir constantemente medio cuerpo ardiendo, lo que más me molesta es que me he comprado unas sombras de ojos maravillosas en Sephora y no vale la pena, con la cara que tengo… Vanitas vanitatis. Y menos mal que al final no viene el de recursos humanos, porque que palo que me viese con esta pinta. Mejor, porque me había comprado ropa nueva de empleada seria, eficiente y elegante (y con escote) y zapatos (no me digáis nada, por favor, que os tendré que decir eso de “Et tu, Brutus?”), fui el sábado a la pelu, renové mi cosmética, me he hecho la manicura, me compré ropa interior de la chula porque ir con ropa interior bonita siempre me da valor y, así, impecable, perfecta para tener valor a decirle lo que fuese y hacer valer mis derechos, el eczema jodía el efecto. Y mi valor también, claro. Todavía no he aprendido a ser un ser mutante bien vestido, a pesar de los libros de Mary Janice Davidson (léase, a guisa de ejemplo, Ni muerta ni casada, por ejemplo)
Me dedicaré a mis manos, ahora que me envanecen tanto, hasta que desaparezca el eczema mutante. Entonces, mañana, ¿beige, blanco, plateado, granate u optamos por la clásica francesa? Si mi archienemiga me ve con el eczema, siempre podré decirle que sí, pija, sí, soy un ser de ultratumba, pero mira mis manos y mira las tuyas.
MUSIC OF MY LIFE – Não precisa mudar (Banda Eva – Festival de verão 2008) Y, por cierto, ya mandé el vídeo. 10 horas de preparación, edición y el resultado simplemente es… una mierda. En fin, según todos los que lo han visto, soy demasiado exigente conmigo misma. Sé que no, que es que la amistad hace mucho. Bueno, pues que sea lo que Dios quiera; lo hecho, hecho está.