Mave educa y entretiene de nuevo. En el fondo, tengo vocación docente, pena que nunca hubiese podido dar clases. Y no es porque no me gusten los niños. ¡Me encantan los niños! De hecho, quiero uno. Pero en versión adolescente y en grupo, me acojonan un poco. Puedo lidiar con un adolescente (de hecho, me encanta lo de pegar gritos con ellas a cuenta de los Jonas Brothers por pura solidaridad, hablar de moda y hacer los test de la superpop con ellas, que yo soy un poquito adolescente también), pero no con 25. Así que educo y entretengo vía blog.
Así que, queridos amiguitos y amiguitas, ¿que sois tan derrochones como yo? Don’t worry, be happy. Voy a daros una serie de trucos para que no os agobie la culpa y sigáis comprando como locos en época de crisis. Yo lo aplico a mi caso (trapos), cada cual que lo adapte al suyo. Así que, cuando os reprochen vuestra última compra, podéis decir cualquiera de las siguientes excusas, que suenan mucho mejor que tener que explicar lo que sientes de verdad por un par de sandalias nuevas.
1. Seamos serios, ¿para qué voy a ahorrar? ¿Para invertirlo con los intereses al 1% y encima ahora Zapatero nos quiere subir la retención de Hacienda? No compensa. Por lo menos, así voy monísima y, ¿quién sabe? A lo mejor coincido con un nieto de Botín y me lo ligo, que es mucho mejor inversión, ¿o no?
2. Amancio Ortega también tiene que vivir de algo, ¿no? ¿Pero ese señor no te da pena? Además, yo lo hago por la industria. Estoy reactivando el sector textil
3. Tenía un mal día. O como o compro. Y si como, tendré que comp
rar mucho más, porque no voy a caber en nada de lo que tengo.
4. Me tiro tantas horas en la oficina que me he planteado llevarme un colchón y un camping gas y mudarme al archivo más de una vez. Veo a mi jefe mucho más que a cualquier miembro de mi familia. Entonces, para una tontería que me compro con lo que me pagan, ¿me vais a decir algo? ¿Sabes lo que me cuesta ganarlo?
5. No querrás que tu hija vaya hecha una zarrapastrosa, ¿no? A ti que siempre te han conocido por lo elegante que eres, que va a pensar la gente. ¿Cómo que una camiseta de Herkovitz con una calavera no es elegante? Definitivamente, no entiendes de moda.
6. No tenía nada que ponerme. No podía ponerme ese vestido, lo lleve a la entrevista que no me cogieron. Trae mala suerte. ¿El otro? Ese es que ya me lo han visto puesto. Ya sabes que hay momentos en la vida en que todo es imagen…
7. ¿Esto? Pero si esto lo tengo hace mogollón de tiempo. Me lo habéis visto miles de veces. Lo que pasa es que no os acordábais (mi favorita)
8. El traje marrón estaba para tirar. Y es ropa para el trabajo, no la compro para mí, si por mí fuera no lo había comprado. Y no tengo trajes. ¿Otros 5? Pero ninguno de ese color. Además, ¿no querrás que vaya siempre con el mismo traje? ¿La camiseta y el jersey? Ah, es que no tenía nada que le pegase.
9. Estaba tan rebajado que, realmente, era más perdida de dinero no comprarlo que comprarlo.
10. Ya sé que no me lo voy a poner casi, pero, ¿a que estoy guapa? ¿A que sí? (morritos)
Y ahora os voy a enseñar a no sentiros culpables cuando llega un extracto de tarjeta. Partimos de dos premisas básicas: lo que se paga con tarjeta de débito no cuenta y lo que se paga en efectivo, tampoco. Sólo cuenta la de crédito, la que te pega los sustos a fin de mes. Y se siguen estan reglas básicas:
a) Los regalos no cuentan. No era para ti. Nadie te va a culpar por ser altruista.
b) La ropa para ir a bodas o similar, no cuenta. Si no hubieses tenido la boda, no la habrías comprado, ¿no? Así que te han obligado a comprarlo
c) La gasolina no cuenta. Ni los billetes de avión. No pretenderán que vayas a pie, ¿verdad?
d) Lo que vayas a comprar para llevar en el trabajo, no cuenta. Tienes que estar presentable, es una obligación. Y si, a la vez, te compraste
un bikini estupendo, se sigue el sistema 2×1 del carrefour, es decir, lo que cuenta es la prenda más cara (casualmente, siempre es lo del trabajo). Y los bolsos los lleva una siempre al trabajo.Y los zapatos.
e) Maquillaje, peluquería, manicura, perfumes… no cuentan. Tu trabajo es en gran parte imagen, así que nos remitimos al punto anterior.
f) Lencería no cuenta, por más que tengas. ¿O es que se pretende que vayas sin bragas?
g) La comida no cuenta, porque el ser humano tiene que comer. Y los restaurantes son comida, no sólo el supermercado.
h) La farmacia no cuenta, es salud. Y en esto se incluye CUALQUIER COSA que se compre en una farmacia
i) Los hoteles no cuentan. No ibas a dormir en el aeropuerto…
j) Libros, CDs, DVDs… no cuentan. Es cultura, y la cultura es alimento para el espíritu.
k) Souvenirs no cuentan, que algún recuerdo te tienes que traer de los viajes. Y sí, si estoy en Barcelona y voy y me compro un vestido, es un souvenir. Cuando me lo ponga, fijo que me acuerdo de Barcelona.
l) Cualquier cosa comprada por una necesidad urgente, no cuenta. O sea, que cuando en Barcelona se me rompió un tacón y tuve que entrar a comprarme unas sandalias, porque, si no, a ver como seguía andando, no contaban. Aparte de eso, tampoco contaban debido a los puntos d y k
Ahora haz la prueba con un extracto de la tarjeta. Vas tachando lo que no cuenta. Hago la prueba con uno mío de mil y pico euros (el de junio: pagué el viaje a Barcelona, renové vestuario de cara a verano, etc etc) y después de tachar quedan… Blanco, 19,90 euros. Ah, sí, la camiseta. A ver, ¿y por gastar 19,90 euros en una camiseta nos vamos a enfadar? ¿Por 19,90 euros en un mes?
Como veis, con estos pequeños truquitos una se siente hasta frugal. Así que ahora todo el mundo a dormir sin remordimientos de conciencia.
MUSIC OF MY LIFE – O teatro dos vampiros (Legião Urbana) (Entrando en el campo de recomendaciones de música brasileña fuera del axé, aparte de esa gran Elis Regina que fue banda sonora de mí más tierna infancia, me encanta Legião, que le voy a hacer si soy hija de los 80… Y tirando un poquito para casa, aunque sean de Iparralde, como se dan un aire en la época, en lo que significaron las canciones, en el estilo y tal, permitidme recomendar Itoiz)
lum otra vez, hubiese vuelto a poner “inglés – nivel medio” pensando que, más o menos, decía la verdad. Reconozco que nunca he ido a Inglaterra y que en mis encuentros con nativos me había defendido bastante bien, si entendemos por bastante bien conversaciones como “Guggenheim? Ah, yes yes, you go from here, and in Moyua you turn righ, righ to Iparraguirre. Iparraguirre, understand? There straigh ahead, straigh ahead, you see it, understand? You see the building. The Gugghenheim. It’s gray” (todo esto acompañado con gestos como para aparcar un avión) o el mítico encuentro con la pareja galesa en Lisboa, donde fui capaz de explicarles en inglés como se llegaba al zoo, hablar sobre maternidad con ella y de política con él, y me entendieron perfectamente. O la pareja canadiense de mochileros que conocí enVaradero sobre la que estuve media hora hablando sobre Sitgesy la Costa Brava. Vamos, que yo me creía que hablaba inglés. Aunque la Veci, que habla más inglés que yo, ya me había advertido que no hay nada como ir a Londres e intentar entenderte con los dependientes de Harrod’s para darte cuenta de que no tienes ni guarra de inglés. Aún así, yo confiaba en mi don de lenguas, en que me resulta extraordinariamente fácil aprender idiomas y lanzarme a hablarlos. Es cuestión de oído, directamente relacionado con el don de oír una canción y ser capaz de repetir la melodía casi por entero cantándola sin equivocarme en más que dos o tres notas. Eso sí, para trasformarlas en notas en mi cabeza y transportarlas a una partitura soy negada. Me cuesta hacer procesos abstractos. Pero eso es otra historia.
almente todas las noches en antiarrugas y algo de celulitis, que no se va la muy perra (¡¡¡horror!!!) Pero por lo demás estoy igual.
tiborro de comida constantemente o compro. No hay más vuelta. Así que, ya que he subido dos kilos, prefiero comprar.
el monte, de sol, de iglesias románicas que surgen de la nada, de gente agradable, de amor en el sentido amplio de la palabra, de risas, de fotos, de comidas grupales, de sentirte acogida, de cogerte la mano, de nervios y mariposas en el estómago, de muchas horas pensando en el viaje a Salvador, de sorpresas, de pizzas y de mateus rosé, de que inexplicablemente salga todo bien, de nacimientos, de Paul Auster y guías de viaje, de acabar no llegando a un acuerdo, de dormir poco y que no te importe, de llegar medio bailando a la oficina, de que quien menos te lo esperas te enternezca por su preocupación por ti, de bromas, de “Miss Sarajevo” y de que la lluvia no te amargue el día.
lo todo organizado? Por supuesto, siempre nos faltarán o sobrarán días. Es mal común. Recordad que la planificación estricta no sirve de nada, mejor una más genérica. En el trayecto para el que calculas unos 20 minutos te puede pillar un atasco monumental, entre dos museos te puede apetecer un café o la zona monumental a la que las guías (jejeje) te recomendaban dedicarle un día entero se ve en una mañana. Así que nada de rigidez.
una librería especializada en viajes y comprar un par de guías y otro moleskine. Tras mirar nuestro moleskine antiguo, tachamos las chorradas y ponemos la información verdaderamente útil en el nuevo. Os sorprenderéis al ver que no ocupa ni un cuarto de página. Entonces os dedicáis a hacer dos cosas: leer las guías y buscar información en blogs. Después de leer las guías, os doy una hora para lamentaros de como habéis tirado el dinero y maravillaros de como los que editan las guías pueden tener una visión de lo que es un viaje tan alejada de a vuestra. Hasta los de la trotamundos. Reconozcámoslo, el usuario potencial de una guía de viajes es un inglés con chanclas y calcetines. Pero mirad el lado positivo. La compra no ha sido totalmente inútil. Fotocopiad los mapas y grapadlos a las últimas hojas del moleskine (yo recomendaría uno nuevo, pero si creéis que este no lo váis a jorobar… Por si, grapad y no peguéis) y fotocopiad alguna foto para guardarla en el cajón de la oficina y daros ánimos a vosotros mismos. Respecto a los blogs, sacaréis alguna (poca) información útil de primera mano que transcribiréis rigurosamente al moleskine y unos cuantos blogs locales con los que os echaréis unas risas e iréis conociendo el temperamento de la gente con la que trataréis en vuestro viaje.