Soy una antigua, me he dado cuenta. A mis 27 años, estoy totalmente desconectada de las generaciones posteriores, noto más diferencia con los chavales de 23 que con la generación de mi madre. No sé que tuvieron los inicios de los ochenta, o si fue la LOGSE, o que coño ha pasado después, pero esto es el despiporre. Así que aquí estamos, los últimos de Filipinas. Y a mucha honra.
Voy a generalizar, voy advirtiendo. Por mi experiencia personal (amigos, compañeros, conocidos y un largo etcétera) la mayor parte de mi generación se encaja en esta descripción. El que no se sienta identificado, lo siento.
Soy de una generación que adoramos las marcas y los chismes tecnológicos. Y los adoramos porque NOS COSTÓ MUCHO TENERLOS.
Mis primeros vaqueros de marca llegaron a los 14 años, cuando mi madre estuvo total y absolutamente segura de que no crecería más. Yo he regalado vaqueros de marca a un bebé, para que veáis como cambiaron las cosas. Por eso, soy capaz de gastarme un pastón en unos vaqueros de marca. Pero también les doy un valor especial, vamos, que si a la de dos días se me estropean, no me encogeré de hombros, no, sino que maldeciré, gritaré, me daré de cabezazos y miraré mi tarjeta con preocupación, pensando que que compra tan tonta. Con los chismes tecnológicos, tres cuartas de lo mismo, sólo que no los tuvimos porque NO LOS HABÍA. Sí, crecimos sin móvil y sin internet. Y, aunque parezca increíble, fue muy sano.
Somos bastante “espesos”, nos cuesta banalizar. Sobre todo en materia sexual. Creemos en los valores, tenemos una mayor filiación política y/o social. Somos bastante románticos. Nos queda algo del perdido espíritu de la generación que corrió delante de los grises y contra la dictadura. Sabemos quien fue Franco, en que bando de la guerra lucharon nuestros abuelos. Nos remuerde la conciencia por no soltar de vez en cuando algún euro para los que están en peor situación que nosotros, así que, al final, algo hacemos por lavar conciencias. Porque las tenemos. Sabemos, también, lo que es el sexo sin amor, y hemos caído alguna vez en él, no lo vamos a negar, pero seguimos por las esquinas a la búsqueda de la media naranja. Y la media naranja tiene que tener algo más que un culo prieto y un coche molón.
Hemos sido hedonistas, pero no gilipollas. Cuando tocó estudiar, estudiamos, pasamos por las universidades masificadas y, el que no, se fue al FP. Y nos desesperamos en la cola del INEM y haciendo cursos para rellenar curriculum. Veíamos algo más allá que la próxima juerga. Teníamos planes. Y sueños.
Creíamos en nosotros. Creíamos, en su día, en los Reyes Magos. Salimos a la calle para pedir que ETA dejase de matar cuando lo de Miguel Angel Blanco. Y seguimos yendo a concentraciones, creyendo todavía que podemos hacer algo. Discutimos mucho. Aprovechamos la adolescencia para esa rebeldía sana contra tus padres que te lleva a hacerte persona. Pero, hoy en día, que nadie se meta con papá y mamá, que son sagrados. Al final, creamos buen rollo. Leímos lo suficiente para saber quien era Momo y nos tragamos todas y cada una de las novelas de Arturo Pérez Reverte. Ir al cine era la leche, y lo planeabas durante semanas. Por eso, todavía hoy, cuando se apagan las luces del cine, nos quedamos con la boca abierta.
Tuvimos conversaciones largas, de las de verdad. Y discutías con tus amigos de religión, de política, de homosexualidad, de todo. Tanto que, a veces, hasta te enfadabas. Buscábamos, y segúimos buscando, la individualidad dentro del grupo, el valor del individuo. Aprendimos a respetar las diferencias y la homogeneidad nos daba grima. Nuestra mayor idea de homogeneidad era llevar la misma camiseta todos en fiestas.
¿Y qué decir de las fiestas? Las fiestas no eran sólo emborracharse, había muchas, muchísimas cosas que hacer. Había conciertos, venía la feria, había verbenas, los puestillos de venta ambulante… Te tirabas meses esperando a que llegasen. Y claro que bebías, no seamos hípócritas, pero eso no era todo.
Y hoy hablo con gente más joven y me parece que viven en otro mundo. No sé si será mejor o peor que el que me tocó, pero está claro que yo no me hubiese encontrado cómoda en el suyo. Me siento feliz de ser lo que soy: una de los últimos de Filipinas.
MUSIC OF MY LIFE – This love (Banda Eva – Axé Brasil 2005)
