Vale, podría ser un buen día. Podría decirse que en el trabajo todo ha ido como habitualmente. Podría decirse que, como siempre, ha habido bromas y risas. Podría decirse que me he divertido con la Baby y que hemos comido fuera y lo hemos pasado bien. Podría decirse que, realmente, necesitaba una tarde perezosa de siesta. Podría decirse que todo ha ido bien.
Pero no es así.
Casi de manera física, añoro. La voluntad de saber algo de ti me hace hasta daño. Me dan tentaciones de empezar a pegarme cabezazos contra la pared. Me resisto a caer en el trío mágico
de toda sufridora (helado+Ana Carolina+autocompasión) porque sé que no es una solución, sino empeorar las cosas. Aún me queda un rayo de lucidez; pero sé que desaparecerá en breve.
Creo que, sin querer saber que es lo que más me importa, has conseguido serlo. Y supongo que es normal sentir este frío dentro del estómago. No sé nada de ti. esta vez no es por culpa mía. Y, coño, duele. Las mariposas y los globitos de colores volando por encima del arcoiris se convierten con demasiada facilidad en un velo de telas de araña.
Pues sí, duele. El dolor sale del corazón y se expande por cada uno de mis huesos y músculos, lo siento desplazarse por cada poro de mi piel hasta llegar a la punta de los dedos de las manos, de los cabellos, de los dedos de los pies. Cierro los ojos y casi no puedo soportarlo. Faltas. Me cuesta existir. Y punto.
MUSIC OF MY LIFE – Raíces (Ramón el Portugués)
