Empiezo a sentir que la saudade puede ser hasta física. Tengo que volver a Lisboa sin demorar mucho, porque ya empieza a ser una necesidad. Como la que tengo del tabaco. Tengo mono de Lisboa. Y es que ya hace casi un año que no estoy.
La primera vez que fui a Lisboa no me enamoré de la ciudad. Seguro que fue porque en un viaje de estudios estás a otras cosas que a sentir el pulso de una ciudad, que a fundirte con ella. Sólo quieres beber y divertirte. Lo que hice, claro. Aparte, estábamos demasiado ocupados cumpliendo un calendario frenético, viendo la Expo y los alrededores, como para pasar más de un día de visita guiada. Ahí conocí la “Lisboa de mentiras”, la turística. De esa no se enamora nadie, habría que ser muy necio.
Volví a Lisboa con 25 años. Ya os sabéis la historia, anda que no la he contado miles de millones de veces, el famoso concierto de la Banda Eva. Pero esta vez Lisboa y yo nos reconciliamos, hicimos las paces, nos conocimos íntimamente, nos aceptamos y nos enamoramos. Ese amor que ha llevado a que, cuando he vuelto, me comporte yo como alfacinha y ella, abierta, me acoja en sus calles y me enamore en cada esquina.
Me encanta Lisboa. No me gustan mucho los sitios turísticos. Me encantan sitios fuera de las rutas. Me gusta Rato, y sentarme en el Jardim das Amoreiras. Me encanta el centro comercial de Amoreiras, me parece el shoppping menos shopping del mundo, el más cómodo. Me gusta la terraza del Portugalia del Cais do Sodré. Me gustan las Twin Towers y la pastelaria de su mini centro comercial, hacen una de las mejores macedonias que he probado en mi vida. Me gusta pasear sin prisa por la Avenenida Liberdade. Me gusta andar por Lisboa. Me gusta no tener un lugar donde ir y perderme por allí, sin más. Me gusta el metro.
Hay gente que dice que es la ciudad perfecta para el amor. Discrepo. Lisboa nunca me ha parecido una de amores vívidos; más bien, su alma decadente la hace perfecta para el recuerdo y la saudade de amores pasados. Es una mujer fadista, de ojos tristes, que ya no llora por lo que perdió. Y allí es donde me encuentro, me equilibro, me veo, me reconozco y me encuentro en paz.
No hay lugar en el mundo donde yo me sienta tan yo, donde la calma me haga más mujer, más reflexiva, como en sus calles. Y por eso tengo que volver, una y otra vez. Reencontrarme con ella y conmigo. Y hace ya un año casi que no la visito, y empiezo a sentir esa necesidad. Se hace imprescindible volver. Porque es difícil el amor en la distancia y es necesario revivirlo con frecuentes encuentros
MUSIC OF MY LIFE – No good for me (The Corrs)
