¿Quién puede dudar de que la Mave es una mujer de suerte?
Resulta que, después de una mañana especialmente agitada de llamar a morosos (cualquier día me compro un frac y empiezo a hacer visitas a domicilio; eso sí, es una parte de mi trabajo que me encanta, la cogí voluntariamente y no la suelto), por fin me escapo a tomar el café y, cuando vuelvo, apenas entro por la oficina, le oigo a mi jefe que me dice “Mave, cuando tengas un momento, ¿puedes venir a mi mesa?” Y aquí la Mave acojonadita, pensando “Dios, ¿Por qué me haces esto? ¿Por qué me quitas agosto? Y, si ya pensabas hacer esto, ¿por qué me has permitido gastarme tanta pasta en ropita de verano que no puedo llevar en la ofi y ahora voy a tener que lucir en noviembre debajo del abrigo?” No podía ser otra cosa, porque perspicazmente me había dado cuenta de que llevaba un buen rato con el cuadro de vacaciones encima de la mesa y unos sospechosos papelitos rojos con el nombre de cada uno y las fechas pedidas.
Pues cuelgo el abrigo y voy a su mesa con las piernas temblando y pensando si prefiero noviembre o enero y lo largo que se me va a hacer el año hasta octubre. “Jefe, ya estoy. Dime” “Que te faltan por poner dos días” “¿Cómo? ¿Que me quedo con agosto? ¿Qué dos días pierdo?” “No, que en vez de 24 tienes 26, porque, mira, los sindicatos…” Pues no sé que dirán los sindicatos, porque mi cabeza ya estaba en otra dimensión. O sea , que Dios, en vez de castigarme por coger días en agosto, premiaba mi osadía respetando mis vacaciones y con dos días extras. Vale. Pues me he cogido el 31 de marzo, lunes, que es mi cumple, y el uno de abril, para poder hacer fiesta o algo.
Total, que vuelvo a mi mesa, cojo el teléfono y llamo a mi supercompi, mi Vecina, que entramos a la vez en la oficina (pero le llevo una semana de antigüedad, ¿eh?): “Oye, que las vacaciones tiran p’alante. ¿y tú?” “También, ¡qué guay!” Ella, que no me va a la zaga, había pedido la segunda quincena de agosto. Las dos nos miramos, flipando. Yo me digo que voy a dejar aparcada la hipoteca, que vete a saber que le hago a este pobre, hasta que me tranquilizo. Y, de repente, llega la confirmación: el papelito rojo y el “ya puedes grabar las vacaciones”. A toda hostia, claro, no vaya a ser que cambien de idea.
Y, de repente, pienso, ¿y la Baby? (La Baby es la más joven de la oficina, y, consecuentemente, la más nueva) Nada, pues me voy a su mesa con una excusa peregrina y le pregunto por las vacas. La Baby, más joven pero más sabia, había pedido junio, una semana en julio y septiembre, no intentando acceder a la codiciada segunda quincena de julio ni a agosto. Pues me dice que todo OK.
En fin, que, al final, las más nuevas nos hemos salido con la nuestra. ¡De aquí a dominar el mundo, chicas!
Eso sí, no le he preguntao a nadie más porque he visto por ahí alguna mirada aviesa hacia el papelito rojo…
Y ahora, momento siesta, que luego me voy con la Baby a ver a unos tíos cantar a las mozas (folklore local y tal, pero aquí hay tan poco que hacer que cualquier cosa vale) Espero que la Baby tenga éxito y le canten, que está en edad. Yo ya estoy en edad, como dice mi vecina, de la segunda ronda del mercao* jajajajaja
* Nota: la segunda ronda del mercao es la de los divorciados y equivalentes, o sea, relaciones largas que acabaron.
MUSIC OF MY LIFE - Coisas Pequenas (Madredeus)
